Amigo lector, también me pareció que la imagen y el título de esta entrada eran, ¿opuestas? Sin embargo … ¡Son complementarias!

 Los atletas de todo el mundo mejoran, y vuelven a mejorar, marcas que se consideraban imposibles y ya insuperables. ¿Dónde está el límite?

El cuerpo físico es capaz de realizar hazañas increíbles, sólo imaginables en los cómics de superhéroes o en las películas de artes  marciales.  ¿Cuál es el camino para poder realizarlas? ¿Están a nuestro alcance?

La respuesta es , pero cuando exponemos a nuestro cuerpo a esfuerzos de esa intensidad estamos caminando en el filo de la navaja. Muchos de los atletas de alto rendimiento tienen que convivir con lesiones generadas en su etapa competitiva el resto de sus vidas.

Entonces ¿cómo debemos entrenarnos?

 El cuerpo físico es plástico, mucho más de lo que imaginamos. Es capaz de convertirse en lo que le pidamos, flexible como la hierba o duro como el acero. Su capacidad de aguante es increíble. Los soldados de operaciones especiales dicen: «cuando la mente está al 100% el cuerpo sólo está al 20%». Y es verdad, nos limita mucho más la voluntad que la capacidad física y cuando parece que no se puede más, queda una gran reserva en el depósito. Simplemente es un mecanismo defensivo que impide que alcancemos el límite y nos hagamos daño de verdad.

  A pesar de su extraordinaria resistencia, esa plasticidad se verá comprometida si la sometemos a esfuerzos demasiado intensos de manera repetitiva.

El precepto general que debemos aplicar es seguir siempre una progresión adecuada y muy lenta. Nunca debemos superar el umbral que nos marca una buena sensación.

La buena sensación. Se me hace difícil expresarlo con palabras, pero es de suma importancia que sepamos interpretarla y aprender a localizar la mala sensación, de la que debemos huir como de la peste. Particularmente «siento» que estoy entrenando de forma adecuada cuando noto que mi cuerpo asimila el trabajo, le sienta bien, se siente fuerte … demasiado difícil de explicar.

Es más importante hacer llegar el concepto de mala sensación. Debemos evitar:

  • Todo ejercicio con el que sintamos dolor o molestias.
  • Llegar al máximo de nuestras posibilidades. Una buena regla, si entrenamos series de repeticiones, es terminar el ejercicio cuando notemos que podríamos realizar un par de series más.
  • Agotarnos hasta no poder mantener el ritmo pretendido en el entrenamiento. Si habíamos planificado una determinada intensidad, la sesión deberá finalizar cuando hayamos trabajado intensamente, pero todavía podamos mantener ese nivel unos minutos.

Así nos aseguramos de no hacernos daño en ningún caso. Muy de vez en cuando sí que podemos llegar al máximo de nuestras posibilidades. Como si fuéramos el motor de un Ferrari, ¡tanto poderío y no poder ponerlo a tope!… si hasta es bueno para el rendimiento del coche. ¡Sí, pero muy de vez en cuando! Por decir una cantidad, una o dos veces al año. No en todas las sesiones de entrenamiento y ni siquiera todas las semanas.

Pero así, ¿cómo llegaramos a la fortaleza física de la foto?

De nuevo, por la increíble plasticidad del cuerpo. Pronto, el ejercicio que nos dolía ya no lo hará, y podremos practicarlo. Si hacíamos tres series y ya notábamos la sensación de «podría hacer sólo otras dos», pronto haremos diez y todavía no la notaremos.

Como el ser no es sólo cuerpo físico, esta forma de entrenar está íntimimante enlazada con el uso de la concentración que veíamos en el anterior artículo sobre elasticidad, o el sentir intensamente todas nuestras actividades cotidianas (¿zen?) …

pero eso, amigos, es otra historia.

Poco a poco, nuestro cuerpo cambiará y se adaptará, y quién sabe si llegará a realizar las proezas de los maestros del vídeo. Recordemos que estas habilidades no son el fin último de nuestro camino marcial, sólo otra herramienta en nuestro maletín para que cumplamos mejor la misión que nos ha sido encomendada. Un hombr@, una misión.

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Adolfo Vallejo Díaz - Caminante - La Vida - Colaborador habitual de "El Guerrero Místico".